Frank Sobotka

– Mi padre trabajaba allí.
– ¿En Acero Beth?
– Sí, en esos astilleros.
– Un tío mío era supervisor allí. Pero le despidieron en el ’78.
– A mi padre lo despidieron en el ’73.

Frank Sobotka

QUIÉN ES FRANK SOBOTKA

El primer capítulo de la segunda temporada de The Wire es una lección de cómo presentar un personaje. La primera vez que aparece Frank Sobotka (Chris Bauer) nos dicen exactamente quién es y qué desea. Es más, la primera frase del personaje es la siguiente:

– Si se draga el canal todos podremos trabajar. Tu gente y la mía.

Este es el objetivo de Sobotka; dragar el canal para que todos puedan trabajar. En esta primera aparición nos informan de que Sobotka es uno de los controladores del sindicato, más adelante sabremos que es el tesorero. Y que dentro del sindicato tiene oposición, ya que algunos de sus compañeros no creen que pueda conseguir el drenaje y optan por una opción más sencilla: rehabilitar el muelle de granos.

Después de la discusión Sobotka sale de la oficina y mira con una sonrisa el trabajo en el puerto. Y es que no hay nada que haga más feliz al sindicalista que comprobar que la mayoría de sus compañeros están trabajando.

Acto seguido nos presentan dos personajes más; Nick (Pablo Schreiber), su sobrino, al que Sobotka le dice que avise al Griego para que sepa que mañana recibirá un contenedor. Y Ziggy (James Ransone), un trabajador despistado que resulta ser el hijo de Frank.

En esta primera escena hemos visto el mundo ordinario de Sobotka. Nos han presentado a dos de sus familiares y nos han informado que de todos los contenedores del puerto hay uno especial para el Griego.

En la siguiente escena nos muestran la cristalera que Frank ha regalado a la Iglesia. Sobotka le pide al Padre que le presente a la senadora y le comenta que las cosas en el puerto están mal. El Padre le dice que ya lo sabe y nos informa de que Frank ha estado haciendo generosas donaciones. La conversación termina con el Padre preguntándole a Sobotka:

– ¿Cuánto tiempo hace que no te confiesas?

A lo que Sobotka contesta con una risa cerrada y se marcha. El Padre recela de que algo extraño sucede en el puerto, ¿cómo es posible que el sindicato realice importantes donaciones cuando no está en su mejor situación?


Después de una noche en el bar, quien no haya estado nunca en un bar así y solo conozca discotecas y festivales… pobre de ti; Nick y Ziggy se reúnen con la fuente del dinero: El Griego (Bill Raymond). Estos mafiosos son los que proporcionan el dinero a Sobotka. A cambio, el estibador, hace desaparecer sus contenedores sin pasar el control de aduanas. Para terminar con los personajes más importantes de la trama nos presentan a Beatrice Russell (Amy Ryan), una vigilante portuaria con la que Frank mantiene buena relación.

De este modo en el primer capítulo nos han presentado el objetivo de Sobotka, las reticencias que tiene dentro de su sindicato, sus familiares más próximos, los trapos sucios con la mafia y la vigilante que estará observando todos sus movimientos. Ya solo falta dinamitar la acción…

Y así se hace al final del primer episodio. Uno de los contenedores que habían preparado para que se lo llevasen los hombres del Griego se deja abandonado en el puerto. Frank, enfadado, dice que lo quiten de la vista y lo amontonen en la pila. Pero Russell, la vigilante portuaria, descubre por casualidad que el contenedor ha sido abierto, por lo que baja del coche y al entrar descubre que hay trece mujeres muertas.

UNA INVESTIGACIÓN POR MOTIVOS PERSONALES

Una de las donaciones que Frank ha realizado a la iglesia es una vidriera exportada desde Alemania. Por otra parte el comandante de policía Stan Valchek (Al Brown) ha estado recaudando dinero entre policías y bomberos para también comprar una vidriera a la iglesia. Cuando Valchek acude con el regalo el párroco le informa que los estibadores del puerto ya le han regalado una.

Cristalera de Frank (izquierda) y cristalera de Valcheck (derecha).
Cristalera de Frank (izquierda) y cristalera de Valcheck (derecha).

El comandante se va enfadado y acude a hablar con Sobotka, pero después de varias denuncias e insultos cruzados no llegan a ningún acuerdo. En venganza Valchek decide investigar a Sobotka y descubrir cómo un sindicato en horas bajas ha podido reunir tanto dinero.

De este modo tan absurdo es como empieza la investigación. No es el hecho de hacer cumplir la ley lo que motiva la investigación, sino una disputa personal. Si el sindicato no se hubiese cruzado en el camino de Valcheck, probablemente nadie se hubiese fijado en ellos.

Cuando Valcheck acude al comisionado Burrell (Frankie Faison) para pedirle un grupo de investigación, éste le pregunta qué tiene en contra de ese tal Frank Sobotka. A lo que Valchek le contesta:

– Es un capullo.

En resumen, tenemos dos investigaciones que se complementan la una a la otra y que finalmente se unirán. Por una parte la muerte de las chicas, catorce contando la que encuentra McNulty (Dominic West) y obliga a que un simple trámite burocrático se convierta en una investigación por homicidio. Y la investigación en torno a los asuntos turbios que pueda tener Sobotka.

EL SINDICATO DE ESTIBADORES SU HOGAR

Frank Sobotka es un hombre orgulloso de su trabajo, probablemente en su vida no haya hecho otra cosa que trabajar en los muelles. Cuando está en el sindicato, en el bar con los compañeros o en el puerto controlando el trabajo; está en casa y es feliz. En cambio, cuando sale de su ambiente; como la reunión con los gobernadores, está incómodo y agobiado.

En una escena Bunk (Wendell Pierce) y Russell visitan la sala de control para ver cómo se descargan los contenedores. Al momento aparece Sobotka y les explica el funcionamiento del sistema de carga y descarga. Cierto que Sobotka va para controlar a los policías y decirles que muchos contenedores se pierden. Pero mientras explica el funcionamiento del sistema está contento de poder enseñar su trabajo.

La intromisión de los policías en su mundo perturba la normalidad, y aunque intenta controlarse para manejar la situación, interiormente le supera.

Así podemos verlo en el momento en el que Bunk, Freamon (Clarke Peters) y Russell van al bar a decirles que están investigando la muerte de las catorce chicas. Sobotka tiene que irse al baño a echarse agua en la cara y que le pase el acaloramiento.

Sobotka es un hombre temperamental que explota cuando alguien osa meterse con su sindicato. En cambio, cuando está en el puerto y la mayoría de compañeros trabajan, no puede ser más feliz.

Otra escena que nos muestra el temperamento de Sobotka es el momento en que van a entregarle las citaciones. Frank los recibe tranquilo pero enfadado, les dice a los policías que ellos no saben nada de las chicas, e incluso les dice más; que ellos no sabían que en ese contenedor había chicas.

– ¿Qué motivo tendríamos para dejarlas allí y que murieran?

Pero una vez más explota; les dice que no les tiene ningún miedo, que su sindicato ha pasado por mucho y no será ahora cuando cuatro policías le quiten el sueño.


Uno de los personajes que más sufre el temperamento de Sobotka es su abogado. El sindicalista le recrimina que su trabajo sea exprimir dinero para aprovecharse de su situación. Para Sobotka el abogado es como los políticos que han olvidado al puerto y que solo reparan en su existencia cuando reciben dinero.

Las conversaciones que mantiene Sobotka con su abogado son entre dos clases trabajadores muy distintas, un profesional liberal bien situado y un obrero de mono azul al que la sociedad ha marginado. Sobotka le recrimina que con el dinero que él le da su hijo podrá elegir el futuro que sea, mientras que el suyo tendrá suerte si puede seguir trabajando en el puerto dentro de cinco años.

El abogado le contesta que sus abuelos trabajaron para que sus padres pudieran estudiar y salir de su situación, a lo que Sobotka contesta que a día de hoy lo único importante es el nombre de tu padre. Los ganadores del sistema no quieren saber nada de viejas luchas obreras.

Aunque contrariado y con malas prácticas, Sobotka sigue adelante. Lo único que puede hacer es seguir, no hay vuelta atrás. Aunque su escapada hacía adelante sea con la esperanza de una vuelta al recuerdo de un pasado mejor.

NO ES PAÍS PARA OBREROS

El mayor enemigo a la que se enfrenta Sobotka es al paso del tiempo. Un tiempo que pasa y se lleva a una clase trabajadora industrial que es sustituida por máquinas o su trabajo es llevado a países como China o la India.

En la escena de la venta de la tecnología del puerto de Róterdam se ve claramente que las hostilidades que le llegan a Sobotka son por este motivo. El hombre que muestra la tecnología les dice que es la más avanzada del mundo y que reduce los accidentes laborales. Sobotka entiende que si no se trabaja no pueden haber accidentes.

– Eficiencia.

Le contesta al compañero de Sobotka un representante de alguna empresa que opera en el puerto. Sobotka se queda preocupado y así se lo hace saber a su abogado en cuanto tiene ocasión. Por mucho que luche por conseguir que lleguen más barcos a Baltimore, si sus compañeros son sustituidos por robots, su sindicato no tendrá razón de ser.

En este caso es el avance tecnológico quien amenaza el trabajo del sindicato. Pero a lo largo de la temporada nos muestran un barrio obrero de viejas casas unifamiliares situadas al lado de enormes fábricas que en su momento darían trabajo a mucha gente, pero que en la actualidad están cerradas o con poca actividad.

En algunas escenas vemos cómo se están rehabilitando y construyendo nuevas casas en el barrio. Casas a las que no pueden acceder los que allí viven debido a sus altos precios.

En una escena Nick y su pareja van a ver una casa que se ha puesto a la venta después de ser rehabilitada. Cuando Nick pregunta por el precio la pareja se marcha al no poder permitírselo. Mientras ellos salen vemos como otra pareja llegada con un Mercedes entra a visitarla. El paso del tiempo desplaza a una clase trabajadora que ya no tiene cabida ni en su propio barrio.

APRENDIENDO DE TÍO FRANK

En un momento de la trama Frank llama a su sobrino Nick para reprenderle sobre el robo de un contenedor lleno de cámaras que han hecho él y su hijo Ziggy. Le dice a su sobrino que no roben, que si las empresas ven que en Baltimore desaparece parte de su cargamento dejarán de ir. Lo que significará menos trabajo y peor situación del sindicato.

El problema de Frank es que ya no tiene fuerza moral para decirles qué hacer y qué no hacer con su vida. Tanto Nick como Ziggy terminan por robar cosas del puerto y traficar con drogas. Y Sobotka no puede decirles que no lo hagan porque él es quien ha normalizado la corrupción en el puerto.

La fuerza de la necesidad es irresistible. Sobotka comprende a su sobrino. Los dos se ven reflejados en el otro y los dos han tomado el mismo camino.

En esta misma conversación, cuando Nick le dice que ahora tiene dinero y que va regalándolo por el puerto (en relación a los sobres que da a los trabajadores con peor situación económica). Frank explota diciéndole que el dinero de la mafia no es para él.

A Sobotka le molesta que puedan pensar que se queda con el dinero y remarca siempre que puede que “no es para mí”, que “no se trata de mí”. Sobotka sólo se considera el encargado de hacer el trabajo que alguien tiene que hacer.

En otra escena en que se aprecia la pérdida de confianza en la palabra de su tío es cuando Nick le dice los contenedores que tienen que desaparecer. Frank le pregunta qué tal va, a lo que Nick no contesta para no decirle que está traficando con drogas. Sobotka le insiste y le dice que no ha trabajado mucho últimamente, y a continuación le comenta que no haga nada que él no haría.

Nick lo mira dando a entender que si él, que trata con la mafia, estuviera en su situación, también estaría traficando con droga. Su palabra ya no tiene validez, Sobotka se comporta de manera incorrecta y sus familiares más cercanos copian su comportamiento.

De este modo pierde su fuerza moral para decirles a Nick y Ziggy qué está bien y qué no. Sobotka está convencido de que sus acciones están justificadas para conseguir su objetivo. Aunque por el camino esté destrozando su familia, su sindicato y, en definitiva, su vida.

PACTO CON EL DIABLO

No sabemos cómo, ni cuándo, ni mediante quién Frank Sobotka se vendió al Griego para pasar contenedores sin control alguno. Lo único que nos dicen es el por qué y las nefastas consecuencias que tendrá.

La primera reacción de Frank cuando se entera de las chicas muertas es ir a visitar al Griego. Sobotka está enfadado y se siente culpable, no sabe que las chicas ya estaban muertas, él cree que la culpa es suya al apilar el contenedor y romper el respiradero. Acepta seguir con el Griego con una condición, que si hay chicas en los contenedores deberán decírselo.

Es la primera vez que Frank acude enfadado a los mafiosos. En esta ocasión no da indicios de terminar con la relación, pero nos informan que el vínculo con la mafia le da bastantes quebraderos de cabeza.

Más adelante vuelve a quedar con el Griego… y de nuevo éste no acude. La primera reacción de Frank es irse, amaga con hacerlo en dos ocasiones, en la segunda dice:

– No necesito nada de ustedes. Ni los problemas ni el dinero. Tengo un sindicato.

Pero tampoco se va. Se queda mirando una fábrica de acero. Vondas (Paul Ben-Victor) -el segundo del Griego- se acerca mirando también a la fábrica y le dice:

– Ahí hacían acero… Hay humo en las chimeneas, pero dentro…

¿A dónde vas a ir si no hay nadie que se preocupe de vosotros? Sólo nos tienes a nosotros.
¿A dónde vas a ir si no hay nadie que se preocupa por vosotros? Sólo nos tienes a nosotros.

Sobotka sabe que lo que estaría bien sería marcharse y alejarse definitivamente de la mafia. Si de verdad el sindicato por sí solo tuviese fuerza suficiente lo haría, pero sabe que no la tiene y debe quedarse. Sin el dinero corrupto el sindicato está muerto.

Con el dinero llega el poder de influenciar, con las influencias puede llegar el drenaje del canal, el drenaje del canal significa más barcos en el puerto, y estos barcos que nadie se quede sin trabajar. La otra alternativa es la fábrica de acero, hay humo en las chimeneas, pero dentro ya nadie hace acero. Ya nadie trabaja.

La dependencia del sindicato a la mafia llega a ser tan importante, que en una escena en la que Frank busca el pago de las cuotas, lo encuentra totalmente abandonado y utilizado como separador de revistas pornográficas. Para los controladores ya no es importante si se paga o no la cuota, lo importante es si tendrán algún contenedor del Griego.

Al final de este magnífico quinto capítulo, Nick va a llevarle a su tío el papel con los contenedores que vendrán a recoger. Sobotka le contesta inmediatamente que le había dicho que no, que el trato estaba terminado. Nick le dice que pagarán el triple por cada contenedor. Sobotka, impresionado, cede.

A continuación, Frank y Nick mantienen la siguiente conversación:

– Es ahora o nunca, no tengo opción.
– Hoy tenemos barcos, tío Frank. Hoy. Pero está escrito en la pared.

Sobotka, con el rostro enfadado, se acerca poniendo un dedo sobre el pecho de Nick y dice:

– A la mierda la pared.

Sobotka se resiste al futuro. El sindicato está condenado, lleva años, incluso décadas condenado. Pero él se resiste, mientras siga luchando seguirá en pie. Ha llegado a un punto en el que no le importa el modo de lucha, lo importante es resistir. Para hacerlo tiene un plan claro; drenar el canal, y para conseguirlo hará todo lo necesario.

Tiene la posibilidad de terminar con la mafia y dejar su puesto como tesorero del sindicato cuando consigue que se incluya en los presupuestos la rehabilitación del muelle de granos. Una victoria y seguir viviendo, seguir luchando.

Pero la posibilidad de conseguir un objetivo más ambicioso termina siendo su perdición. Su hijo Ziggy acaba en prisión después de entregarse al cometer asesinato. A su sobrino Nick lo buscan por tráfico de drogas. Y él es encerrado delante de todos los medios de comunicación por Valcheck.

Al final lo pierde todo. Su abogado le dice que se olvide del drenaje del canal, que no hay nada que hacer, e incluso le dice que después de lo sucedido la rehabilitación del muelle de granos está en el aire. Su sindicato queda tocado de muerte y el puerto pasa a ser administrado por el estado.

En el momento en que el abogado le dice que es probable que el muelle de granos tampoco se construya. Sobotka, totalmente derrotado, le dice:

– ¿Sabes cuál es el problema, Brucie? Construíamos cosas en este país, las construíamos. Ahora solo robamos al tipo de al lado.

Sobotka ha querido jugar a un juego que no no conoce. El estibador sabe de su trabajo y de luchas obreras, pero robar, se le da mejor a otros.

REPRIMENDA

En contraposición a Frank, su hermano, el padre de Nick, es la derrota de la honestidad. Su hermano trabajaba en el puerto hasta que cerraron el dique y desde entonces no ha vuelto a trabajar. Es el reflejo de lo que podría pasarle a Frank si dejase de luchar.

Su hermano simboliza la honestidad en contraposición a la corrupción de Frank. Cuando la situación se derrumba al primer lugar que acude Sobotka es a casa de su hermano. Éste le dice que han encontrado heroína en su casa, a lo que Frank no da crédito y no lo puede creer. Entonces le dice que sabía que Nick y Ziggy sacaban algunas cajas para ganar algo de dinero, pero que no sabía nada de la droga.

Finalmente su hermano no aguanta más y le grita diciéndole cómo pudo consentir que robaran. Que si pensaba que una vez que se acostumbrasen al dinero fácil lo dejarían para volver a trabajar en el puerto y ganar dinero honradamente. Esta reprimenda afecta a Frank, que comprende que él ha sido el culpable de que su hijo y su sobrino actuasen del modo que lo hicieron.

SIN REDENCIÓN POSIBLE

Después de perderlo todo y de sentirse totalmente derrotado, el destino le ofrece una redención. Russel acude a Frank para decirle que ayude a la investigación, que testifique en contra del Griego y les ayude a atraparlo. Sobotka acepta y va, pero cuando está preparado para testificar le dicen que tiene que esperar un día para hacerlo.

Al salir de la reunión con los policías se encuentra con Nick. Éste le dice que ha hablado con la mafia y que le han prometido que pueden sacar a Ziggy de la cárcel. Que lo único que quieren es su lealtad. Sobotka se enrabieta de nuevo, el diablo lo tienta una vez más… y él volverá a caer.

Tuvo la oportunidad de hacer el bien, de purgar sus pecados, pero lo que le ofrece el diablo es demasiado grande como para no ceder a la tentación. Así que vuelve a reunirse con el Griego. El problema es que cuando acude a la reunión estos ya saben que Frank ha estado con la policía…

Sobtoka camino a su destino.
Sobtoka camino a su destino.

El decimoprimer capítulo se cierra con un fundido a negro en el que Frank Sobotka camina hacia los mafiosos. Se dirige a enfrentarse a un destino largo tiempo escrito en la pared. Nosotros sabemos que le espera la muerte, él, probablemente lo sabía desde el momento en que pactó con la mafia.

Durante toda la serie vemos como los policías son vagos y corruptos, los vendedores de drogas matan, los yonkis apalean por unos dólares, los políticos son corruptos y ganan elecciones. En la educación a muchos profesores no les importan sus alumnos y los periodistas que más mienten son los más premiados.

Pero no a un sindicalista. A un sindicalista no se le permite la corrupción. Venderse a la mafia es pagado por Sobotka con su hijo en la cárcel, su sindicato precintado y con él muerto.

LA MUERTE DE LA CLASE OBRERA

La dignidad de saber quién eres.
Uno de los nuestros.

El líder del sindicato de estibadores del Puerto de Baltimore es encontrado muerto en las aguas del canal, en el mismo canal causante de su muerte. Los compañeros le rinden homenaje con un digno silencio, sabiendo que uno de ellos ha muerto luchando por ellos. Los policías nos dicen que murió luchando, nosotros ya lo sabíamos.

Una pequeña victoria, como ya pocas se ganan, se lleva Frank a la tumba. El muelle de granos se reabrirá, algunos trabajadores tendrán más trabajo. En un mundo en que no existe la utopía de la clase trabajadora, tener trabajo es una gran victoria.

Como nos han estado diciendo durante toda la temporada no se puede luchar contra el paso del tiempo. Está escrito en la pared, Sobotka muere, la lucha obrera muere con él.

El inexorable paso del tiempo acaba con todo. Y acabará con la pared y lo escrito en ella. Y sólo entonces sabremos si Sobotka era un romántico soñador encallado en el pasado, o un materialista pragmático luchando por el futuro.

Fuck the Wall!

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