Shadow of the Colossus: Phaedra

Hoy es martes 12 de julio. Y no tengo ganas de jugar a la Play.

Es curioso, hay días en los que no tienes ganas de hacer nada, estás desganado y no te apetece matar colosos. No ha sido un día excesivamente duro en el trabajo, un mal día de curro, pero no duro. Quizás alguna mala noticia que me han comunicado y tú no la has querido entender como tal… o quizás sea tu cabeza que esté cansada y necesita vacaciones. Me quedan menos de tres semanas para las vacaciones. Me quedan menos de tres semanas para terminar Shadow of the Colossus.

Enciendo la Play2 y mi gata se siente especialmente interesada con el aparato. Sí, es verdad Cleo, hace mucho ruido y… Mi gata se acerca demasiado y pulsa el botón de sacar el cd. Gracias Cleo, ahora tengo que volver a comenzar. Mejor que me haya pasado ahora y no en mitad de juego.

Ahora llega la otra gata, ¿qué les pasa hoy? Con la de veces que me han visto jugar… ah, ya, el cable. Sí, Tigris tiene especial predilección por los cables que se mueven. Espero que la casa en la que terminen adoptándola no sean aficionados a las consolas retro.

En fin, allá vamos. Tengo tres sombras a mi alrededor, voy a por la cuarta.

Cabalgo por la llanura en silencio. Lástima que los gráficos sean de la Play2. La escena es preciosa, soy tan pequeño encima de mi caballo… De repente me siento bien, ¿será esto el arte?

Me meto por un desfiladero oscuro y con bruma. Muy muy oscuro… De repente se abre y veo una bonita pradera. Me recuerda a la comarca de El Señor de los Anillos, básicamente por el montículo que está en el medio… el montículo…

Mi caballo sigue solo por la senda que bordea el acantilado, no hace falta que le diga el camino y me permite tomar notas para escribir este texto. ¿Cómo se llamará mi caballo? Lo tengo que buscar.

Al llegar a la casa de Bilbo descabalgo y entro, está muy a oscuras, es simplemente un pasadizo con otras salidas, con un total de cuatro salidas. ¿Tendrá esto algo que ver con el coloso? Seguro que sí… si no fuese así no lo introducirían.

Salgo por otra puerta y ahí está mi caballo esperándome. Qué buen caballo tengo. Saco mi espada, debo estar cerca, ¿dónde estás coloso?

Sigo el camino marcado por la espada, está cerca, tan cerca que al poco de cabalgar lo veo delante mío, ¡es un enorme caballo! De entrada, me gusta este coloso.

Descabalgo y veo su comportamiento. Da diferentes golpes en el suelo con su pata. Recuerdo lo que me ha dicho la voz, Dormi, ¿será realmente inofensivo? No, no lo es. Me da una coz y me quita media vida.

Lo estudio, me acerco a sus patas para intentar subirme… y no, éste no es el camino. Lo sigo estudiando con la espada, parece que tiene dos puntos débiles; uno encima de su cabeza y el otro un poco más abajo. ¿Tendré que subirme por las trenzas que tiene a cada lado de su cabeza? Lo veo complicado, pero muy interesante.

No sé qué hacer. Vuelvo a subir a mi caballo, quizás tengo que matarlo con mi caballo, tendría cierta lógica. Batalla caballo contra caballo… Pero no, tampoco consigo nada.

De repente, la voz me da una pista, “prueba la estrategia de ocultarte bajo tierra”. ¿Bajo tierra? Está claro, los cuatro montículos que hemos visto antes tienen la solución.

Llego allí corriendo, pero no tengo ni idea de qué tengo que hacer.
Me subo a un montículo, no consigo nada.
Vuelvo a subir a mi caballo, ¿y si me marchara? No, no puedo, tengo un objetivo y pasa por matar a este coloso.
¿Pero qué tendré que hacer? No lo sé.

Entro por un sitio y salgo por otro. El coloso está lejos de mí. Le tiro flechas y noto que la parte trasera es vulnerable. Además, me fijo en la parte posterior del todo, ése parece un buen lugar para subirle, ¿pero cómo?

Detesto esta situación, cuando no sé qué tengo que hacer en un videojuego. No entiendo cómo aguantábamos estas situaciones cuando éramos niños. Jugando una y otra vez a lo mismo. Muriendo en el mismo punto una y otra vez. Y no conseguirlo. Y no saber cómo se hacía. Perder horas y horas hasta que por suerte o por probar algo distinto encontrabas la solución.

Subo a mi caballo y cabalgo hacia el coloso. Intento llegar a la parte posterior, saltar del caballo y cogerme a esa especie de herradura que tiene en su parte trasera. Pero no, esta no es la táctica. Odio a todo el mundo.

Vuelvo a probar a tirarle flechas. Tampoco, imposible.

Esto es una pérdida de tiempo, tengo que centrarme; la clave está en los montículos. Pues bien, vamos a él.

Me meto dentro del montículo, me quedo mirando al coloso. Venga, haz algo que me dé una pista. Nada, sigue a lo suyo, dando patadas sin ton ni son.

Vuelvo a salir del montículo y corro en círculos por la parte superior. Quizás en una de esas patadas atraviesa la tierra y pasa algo en la parte inferior… Me parece poco probable, ¿pero qué tengo que hacer?

Entro de nuevo en el montículo, noto cómo da patadas en la superficie. Salgo por la otra parte sin que se dé cuenta y… ¡está agachado! ¡El coloso está agachado!

Voy corriendo por detrás para subir por su parte trasera. No puede ser, salto un par de veces y no consigo engancharme. Maldigo en voz alta y mi novia hace un comentario sobre lo malos que son los gráficos de este juego. Es la Play2, ¡y el juego es la ostia! ¡Déjame! Tengo que matar a este coloso.

El coloso se levanta sin que consiga subirle… no puede ser. Este coloso es un coñazo, estoy harto de él…
Y sin hacer nada se vuelve a agachar, ahora sí, es mi oportunidad, no puedo fallar, tengo que subirle… y le subo.

Lo tengo. Es la sensación de saber que ya lo he vencido mientras le subo por su espalda. Retuercete todo lo que quieras, pero ya no tienes nada que hacer: vas a morir.

Ahora me sabe mal matarlo. ¿Por qué? Me cae bien este coloso, es como mi caballo Atreyu. Es un buen coloso.

Empiezo a acuchillarlo por detrás de su espada, sin marcar la posición con la espada. Ya encontraré su punto débil. Y lo encuentro, casi sin querer pero lo encuentro y le quito un cuarto de vida.

Ya, sé dónde está el otro punto débil. Voy a su cabeza, el coloso se retuerce y me tengo que coger. Pero estoy tranquilo, tengo un control total sobre mi barra de fuerza y no voy a caerme.

Al fin, estoy en su cabeza, con lo que me ha costado llegar aquí… y lo fácil que voy a terminar con este coloso.

Se retuerce, lo acuchillo. Se sigue retorciendo, otro más, me quedan dos. Controlo mi fuerza para no quedarme sin ella, le doy dos golpes más y no lo mato. Le queda nada de vida, y a mí de energía. El coloso se está moviendo y no me puedo soltar. Me voy a quedar sin energía. Vamos, un golpe más, le queda absolutamente nada. Ahora, es el momento, cargo un poco de energía y lo acuchillo…

Ahora sí, ya está, el coloso cae al suelo. Respiro aliviado.

La luz blanca parece que se ríe de mí. Y sí, quiero guardar la partida. Ya continuaré otro día…

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