Shadow of the Colosus: Kuromori

Acabo de derrotar a mi octavo coloso. Mientras escribo estas líneas doy el primer trago a una cerveza, me sienta igual de bien como si hubiese estado todo el día en una dura jornada laboral. Kuromori ha sido duro.

Hoy es jueves 18 de agosto. Hace mucho que no mato un coloso; he estado de vacaciones.

Para cada uno las vacaciones significan una cosa, sí; descansar, relax, desconectar… eso para todos. Para mí las vacaciones son no hacer lo mismo que hago habitualmente. Y eso es precisamente lo que he hecho; no jugar a la Play, no trabajar, no ver series ni cine… Bueno, quizás soy demasiado optimista, digamos que todo lo anterior lo he hecho en menor medida. Sí, todo ello en menor medida… Sí, trabajar también, poco, muy poco.

La vuelta al trabajo no ha sido tan dura. La mayor parte del tiempo me gusta mi trabajo y mis compañeros. Importante, muy importante, digo de los compañeros…

Estamos en la última semana de olimpiadas, España está genial; pocas medallas pero muchas de oro que son las realmente importantes. Ni plata ni bronce: oro es lo que vale. Y que nadie se equivoque, que estar entre los 10 primeros de cualquier competición me parece un honor impresionante. Pero si hablamos de medallas, prefiero 1 de oro que 10 platas.

La Play 2 está encendida. Voy a por mi octavo coloso, la mitad del juego, y quiero jugarlo con calma. No hay prisa. Llevo mucho tiempo sin jugar y no pienso hacerlo con prisas. ¿Me acordaré de cómo se juega?

Las sombras me rodean y la voz me dice que el próximo coloso es un lagarto escondido en un bosque que trepa por las paredes. Me gusta.

Al salir del templo saco la espada y me indica que es en línea recta. Paso un desfiladero y llego a una pradera que me recuerda a Irlanda. La espada me indica que debo atravesar una cueva y eso mismo hago. Al pasar al otro lado llego a un precipicio donde parece terminar el camino.

Veo una senda a la derecha que lo bordea y bajo de mi caballo para seguirla. Empiezo a caminar y me doy cuenta que podría pasarla con mi caballo, me giro a buscarlo y ya estaba detrás mío esperándome. Quiero a mi caballo. Lo miro y me despierta un sentimiento de humanidad. Tranquilo Atreyu, no pensaba abandonarte.

La senda conduce a unas ruinas. Tengo la sensación de estar llegando al lugar en el que tengo que estar. Al lugar en el que derrotaré a mi octavo coloso.

El templo derruido en la verde pradera me recuerda un lugar místico. Uno de esos paraísos naturales que al pisarlos sientes una energía especial en el ambiente. Siento lástima de los que no sepáis de lo que estoy hablando.

Ahora sí, dejo a mi caballo y me adentro solo en el templo abandonado. Después de un poco de plataformeo Uncharted llego a una obertura. Suena la música, sé que he llegado.

Una especie de foso romano con pisos en los que hay enormes ventanales. En la parte inferior un lagarto grita molestado por mi presencia. A mi mente viene el foso del segundo episodio de Star Wars: El Ataque de los Clones. En el que Obi-Wan, Padme y Anakin luchan contra una bestia dentro de un foso.

El lagarto me busca rápidamente y la música empieza a sonar. ¿Será peligroso?
Mientras sube saco mi arco y le disparo dos flechas que no le hacen nada. Lo imaginaba…

El lagarto me encuentra, veo su cabeza mirándome y casi sin que me dé cuenta me dispara un rayo que me quita un tercio de vida. Ahora ya sé que es peligroso.

Por la parte trasera de los diferentes pasillos que rodean el foso hay unas escaleras para subir y bajar de nivel. Al bajar, veo delante mío el punto débil del coloso. Voy corriendo a golpearlo pero me espada se estrella contra la reja. No puedo.

Inmediatamente saco el arco y le disparo dos flechazos en el lugar que se encuentra el punto débil que acabo de ver. Pero no consigo hacerle ningún daño. Parece que todavía no he aprendido que solamente puedo derrotarlos con mi espada.

Después de intentarlo unas cuantas veces más del mismo modo el coloso vuelve al foso y la música descansa. Yo lo observo desde arriba pensando el modo de matarlo.

Doy un respingo cuando me alcanza otra vez uno de los rayos que me ha lanzado. Pensaba que no llegaría tan lejos con su arma. Vuelve a subir buscándome y cuando veo su cabeza aparecer por las ventanas bajo corriendo a la parte inferior para intentar golpearle en su punto débil. Nada, no hay manera de hacerle ningún daño.

Dejo que el coloso baje de nuevo al foso y compruebo si desde la arena encuentro el modo de hacerle daño. Intento subirle encima, pasar por debajo y lo que consigo es que me dé un golpe con su cola que me deja medio inconsciente. Estoy muy débil y el coloso me lanza otro rayo que termina por matarme.

He muerto. Creo que es la primera vez que muero en el juego. Si tenía alguna ilusión de conseguir pasarme el juego sin morir ninguna vez ya no lo conseguiré.
El coloso más pequeño al que me he enfrentado es el más rápido, tiene el arma más peligrosa y no tengo la menor idea de cómo matarlo.

Vuelvo a intentarlo una vez más. Recapitulo lo que sé seguro. Tengo que matarlo con mi espada y sus puntos débiles, ya sé que tiene dos; están en su parte inferior. Tengo que golpearlo de algún modo que no he probado hasta el momento.

Así que subo a la parte más alta de todas y lo vuelvo a llamar. El coloso se acerca y empiezo a golpearlo sin conseguir nada. Bajo al nivel inferior, veo su punto débil y me acerco para golpearlo: tampoco consigo nada.

Voy a la ventana siguiente y golpeo cualquier parte que pueda del coloso. Lo admito, empiezo a estar desesperado y casi paso por alto que al golpear la pata del coloso ha soltado un grito de queja. Le he golpeado a su pata y se ha quejado. No creo que sea casualidad.

Me escabullo del lugar en el que está y lo observo con calma. Sus piernas tienen una luz que me recuerda a uno de los primeros colosos que derroté. Es un punto débil y la clave para derrotarlo.

Saco mi arco y le disparo una flecha en una de las patas. El coloso protesta, aparta la pata y rápidamente le disparo otra flecha que hace que el coloso caiga de espaldas sobre el suelo. Ya está, lo he conseguido. Todavía tengo que matarlo pero tengo la sensación de que ya lo he derrotado.

Bajo lo más rápido que puedo pero al llegar al foso el coloso ya se está poniendo de pie. Vuelvo a subir y me quedo en el segundo nivel. Lo llamo por una de las oberturas y voy corriendo a la obertura del lado contrario para dispararle cómodamente dos flechas que lo hacen caer. Bajo y cuando llego al coloso intento subir saltando sobre él. No lo consigo. Finalmente, subo por la cola y cuando tengo el punto débil a mi alcance el coloso se levanta y no permite golpearle.

¡Qué rabia joder!

Pero tranquilo, la mecánica está clara:
– Subo al segundo nivel.
– Lo silbo desde una obertura sin parar de correr a la del otro lado.
– Cuento las ocho ventanas que hay entre ambas oberturas y preparo mi arco
– Antes de llegar al otro lado, salto directamente para bajar rápidamente al foso.
– Cargo mis flechas y le disparo en ambas piernas para hacerlo caer.

Esta vez sí que consigo alcanzarle y golpearle dos veces para dejar finiquitado su punto débil más inferior. ¡VAMOS! Suelto un grito de rabia. Ya lo tengo. Una vez más y es mío.

Repito una vez más la mecánica y descubro que todavía no he terminado con su primer punto débil. Lo termino y voy directo al punto débil superior. Le doy un golpe. Me queda uno, estoy cargando, voy a lanzarlo y creo que pulso el botón… pero el coloso ha empezado a moverse y no he podido terminar con él. ¡Mierda!

Una vez más repito la mecánica. En esta ocasión el coloso ha caído dejando la cola en mi dirección para que tenga una placentera subida. Con lo desquiciado que estaba hace veinte minutos y lo dócil que terminará muriendo: como una cucaracha panza arriba completamente indefensa.

Llego sin problemas a su punto débil. Cargo mi fuerza y lo golpeo. Muerto. Lo celebro con el puño y un Vamos. Serán las olimpiadas…

Las sombras me atraviesan y no les hago ningún caso. Sí, guardemos.

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