Shadow of the Colosus: Dirge

Llueve.

Sí, llueve. Y que llueva en Valencia es noticia.

Precisamente, esta misma mañana he estado leyendo artículos sobre la sequía que está sufriendo la Comunidad/Regne/Pais Valencià. En los últimos veinte años Valencia ha sufrido tres sequías importantes, y no, la actual no es la más importante.

Además, he estado revisando los niveles de las cuencas hidrográficas de la región. Alicante y el Turia, como siempre; secos. Pero el Xúquer tiene buenos niveles. La terreta tendrá para el riego y que siga habiendo marxeta.

Es un tema que me preocupa mucho, la desertificación y la falta de agua. He llegado a plantearme irme a vivir al norte, ahora que todavía soy joven, para que cuando sea mayor no viva en un desierto y tenga que pelear por un baso de agua.

Cuando lees noticias sobre el tema, pese a los fuegos que rompen el corazón, la situación no parece tan alarmante como parece a simple vista. Curioso.

Hoy es martes 13 de septiembre de 2016. He derrotado a mi décimo coloso.

Calma, quiero coger el juego con calma, pero sin pausa. No quiero perder el tiempo matando al coloso, pero tampoco quiero precipitarme y hacerlo mal.
Ahí están las sombras rodeándome, y sí, sigo vivo; pese a que cada vez son más, sigo vivo.

Escucho algo sobre dunas, huella y tierra. Y por alguna razón, me da mal rollo el coloso que me pueda encontrar. Uno de esos colosos que pierdo más tiempo buscando su posición de debilidad que pensando cómo alcanzarla.

Llego al precipicio y lo bordeo cabalgando a Atreyu. Me gusta este juego. En Valencia empiezan a caer rayos mientras paso dunas que me recuerdan a la Mancha. Soy un Quijote japonés en busca de sus demonios. Empieza a llover con más intensidad, será la típica tormenta de verano en la que terminan cayendo cuatro gotas.

Llevo un rato cabalgando en la dirección correcta. Debo estar llegando… Veo una Atalaya a la que subo, pensando que si subo a todas las que tiene el juego conseguiré algún tipo de premio o bonificación… Ignorante de mí.

Desde lo alto de la Atalaya, una cueva se abre ante mí. Es el lugar, lo sé.
Bajo para subirme a Atreyu y recorro la cueva hasta llegar a una enorme obertura debajo de la tierra.

Es un lugar maravilloso para una épica batalla y cada vez llueve con más intensidad.

El coloso aparece serpenteando entrando y saliendo de la arena como si fuese agua. Voy corriendo hasta la parte central para subirme a una roca y observar desde lo alto al coloso. El coloso viene directo hacia mí y destroza la roca en la que estoy subido quitándome la mitad de vida. Mala decisión.

Busco unas grandes protuberancias y me quedo en la parte inferior donde el coloso no puede cogerme. Se acerca y da vueltas sobre la roca son poder alcanzarme.En la parte delantera siempre tiene una parte de su cuerpo que sale a la superficie. Caen relámpagos y le tiro flechas a lo que me gustaría que fuese su punto débil… Pero no, no lo es.

Intento saltar encima de él cuando pasa por mi lado y lo único que consigo es que me quite media vida. De repente, la voz me dice que mis piernas no podrán alejarme del peligro… ¡Atreyu! ¡Necesito a Atreyu para derrotar al coloso!

El coloso pasa cerca de mí y veo que por su parte trasera tiene uno de sus puntos débiles. Ahora necesito saber cómo consigo ponerlo en posición de debilidad… Intento subirme a Atreyu mientras el coloso se acerca rápidamente a la vez que un rayo cae al lado de mi casa acompañado por un fuerte estruendo.

Me doy un susto de muerte y mi gata corre asustada dentro de casa. Me levanto para cerrar todas las ventanas mientras cae un agua torrencial y suena la música de fondo. Parece que el juego se ha puesto de acuerdo para que tenga que realizar otra prueba antes de derrotar al coloso: cerrar todas las ventanas de tu casa. Al menos yo, lo hago al compás de la música.

Vuelvo al juego y cabalgo con Atreyu. Busco al coloso, lo escucho pero no lo veo. Me giro y veo sus ojos justo detrás mío a punto de alcanzarme. Lo tengo claro. Saco mi arco y le disparo en sus ojos. Oigo su dolor, qué maravilla de juego.

No consigo que muestre su posición de debilidad pero el camino no puede ser otro. Así que espero a que esté cerca mío para arrancar a cabalgar con Atreyu. Lo busco con mi arco y empiezo a tirarle flechas intentando golpearle en sus ojos. Lo consigo y el coloso se queda con la cabeza sobre el suelo.

La música me dice que es el momento de ir a por él y hacerle daño de verdad. Me monto por su cuerpo hasta alcanzar con cierta facilidad su punto débil. ¿Me quedaré sin tiempo? Le doy tres espadazos y el coloso vuelve al ataque. Un punto débil menos. Solo debe quedarle uno. Ya es mío.

Vuelvo a repetir la misma situación y cuando le doy en el ojo salto de mi caballo creyendo que ya lo tengo… ¡y el coloso me arrolla matándome! ¡Qué estúpido he sido! Un exceso de confianza y debo volver a empezar…

Pero en fin… ya sé derrotarlo y el modo de hacerlo me parece maravilloso. Me pasaría todo el día cabalgando delante del coloso. Viendo sus ojos a escasos metros míos. Viendo el esfuerzo del coloso intentando alcanzarme para terminar con mi vida.

Parece que la tormenta escampe aunque sigue lloviendo intensamente. Vuelvo al juego y a la primera consigo su posición de debilidad y terminar con su primer punto débil. Tres espadazos. Uno menos. Esto va a ser coser y cantar…

Solo me falta un punto débil. Le tiro tres, cuatro y cinco flechas pero nada; el coloso no se rinde y sigue persiguiéndome. Salta sobre mí y consigue alcanzarme quitándome la mitad de vida. La rabia de saberse muerto ha hecho que el coloso saque toda su fuerza y nos ponga a los dos en la misma situación: una única oportunidad para vivir o morir. La próxima carrera determinará quién vive y quién muere.

Empezamos a correr y empiezo a tirarle flechas. Aguanta Atreyu que ya es nuestro. No parece que consiga alcanzarle aunque le estoy apuntando a los ojos… El espacio termina, sigo disparando flechas, oigo sus quejidos de dolor pero salta sobre mí y lo esquivo estando encima de la misma pared. Me he salvado. Él también.

Casi sin respiro volvemos a cabalgar con el coloso pisándome los talones… ¡Muere ya cabrón! Empiezo a tirarle flechas. Pero noto que no tiene tanta fuerza como antes y a la tercera o cuarta consigo doblegarlo y ponerlo en posición de debilidad. Por fin.

Me acerco cabalgando y salto encima desde mi caballo. Voy corriendo hasta la parte trasera y casi caigo por las prisas. No voy a llegar… no voy a llegar… Finalmente veo su punto débil e intento golpearlo rápidamente. El coloso se resiste a morir y sigue moviéndose intentando tirarme de encima de él.

Le doy dos golpes, me queda nada para matarlo… Que no tenga que volver a intentarlo una vez más… Vuelo a cargar mi fuerza y lo mato. Muerto.

La tormenta ha terminado y llueve débilmente. Mi novia llega a casa. Guardo el juego. Me quedan seis colosos.

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